Casi todas las juntas directivas eligen revisor fiscal comparando tres propuestas por precio. Es comprensible: los tres documentos dicen casi lo mismo, citan los mismos artículos y prometen el mismo dictamen. La diferencia no está en lo que prometen, sino en lo que van a hacer durante los once meses anteriores a la firma. Estas doce preguntas la revelan.
Sobre el alcance del trabajo
1. ¿Cuántas visitas presenciales incluye el honorario y en qué meses?
La respuesta correcta es un número y un calendario, no «las que sean necesarias». Hay procedimientos que exigen presencia física —toma de inventarios, arqueos de caja y títulos, inspección de bienes, pruebas de recorrido en planta— y el artículo 207 impone el deber de inspeccionar los bienes de la sociedad. Un revisor que nunca pisa la compañía no puede cumplirlo.
2. ¿Qué van a probar y con qué profundidad?
Pida el plan de auditoría por riesgos, aunque sea preliminar. Debe decir qué ciclos se van a examinar —tesorería, compras, inventarios, cartera, nómina—, con qué tamaño de muestra y en qué momento del año. Si la propuesta solo enumera artículos del Código de Comercio, todavía no hay plan.
3. ¿Van a auditar los saldos de apertura?
Si es el primer año de la firma en su empresa, tiene que pronunciarse sobre estados financieros cuyo saldo inicial no auditó. Hay dos caminos honestos: probar esos saldos, lo que toma tiempo y cuesta, o incluir una salvedad por limitación al alcance. Cualquier respuesta que no mencione ninguno de los dos es una señal de alarma.
Sobre el equipo
4. ¿Quién firma el dictamen y quién hace el trabajo?
No siempre son la misma persona, y no tiene que serlo. Pero usted debería saber el nombre del contador senior asignado, su número de tarjeta profesional y cuánto de su tiempo va a estar en su encargo. Pregunte también quién es el suplente inscrito: si el principal se ausenta, es quien responde.
5. ¿Cuántos clientes atiende ese mismo profesional?
Es una pregunta incómoda y por eso es útil. Un revisor con veinte encargos simultáneos no puede estar presente en ninguno. No hay un número mágico, pero la respuesta —y la disposición a darla— dice mucho.
6. ¿El socio que está en esta reunión va a volver a aparecer?
En firmas grandes es normal que el equipo comercial y el equipo de ejecución sean distintos. No es malo en sí mismo, siempre que se diga desde el principio. Lo que no debería pasar es que usted contrate por la impresión que le dejó alguien a quien no volverá a ver.
Sobre lo que va a recibir
7. ¿Con qué frecuencia van a informar hallazgos?
Un hallazgo que llega en el informe de cierre ya no se puede corregir: solo se puede documentar. Lo que agrega valor es la comunicación escrita en el momento en que aparece, con su riesgo, su recomendación, un responsable y una fecha. Pregunte si eso está en el contrato o si es una intención.
8. ¿Puedo ver un informe de ejemplo?
Anonimizado, cualquier firma seria puede mostrar la estructura de sus informes. Fíjese en si los hallazgos tienen severidad asignada, responsable sugerido y plazo, o si son párrafos descriptivos sin consecuencia.
9. ¿Dónde quedan los papeles de trabajo y en cuánto tiempo me los pueden entregar?
El día que llegue una debida diligencia, un requerimiento de la DIAN o una inspección de la Superintendencia, esos papeles son la diferencia entre responder en dos días y reconstruir dos meses. Una firma ordenada le dirá un plazo concreto.
Sobre la independencia
10. ¿Me pueden llevar también la contabilidad?
La única respuesta aceptable es no. El artículo 50 de la Ley 43 de 1990 impide dictaminar estados financieros elaborados por uno mismo, y esa independencia es justamente lo que hace que el dictamen valga algo frente a un tercero. Si una firma ofrece los dos servicios a la misma empresa, está comprometiendo la validez de su propia opinión.
11. ¿Tienen alguna inhabilidad conmigo?
El artículo 205 del Código de Comercio lista las inhabilidades: ser asociado de la compañía o de sus subordinadas, estar ligado por matrimonio o parentesco —dentro de los grados que fija la norma— con los administradores, el cajero, el auditor o el contador, o desempeñar otro cargo en la misma compañía. Conviene preguntarlo por escrito y dejar constancia.
Sobre los honorarios
12. ¿Qué queda por fuera de este precio?
Aquí es donde se separan las propuestas. Pregunte explícitamente por: informes adicionales a los pactados, certificaciones para bancos o licitaciones, respuestas a requerimientos, desplazamientos a otras ciudades, horas extra por atrasos del cliente y reconstrucción de periodos anteriores. Una propuesta con honorarios cerrados dice qué incluye y qué no.
Una advertencia sobre el precio. En revisoría fiscal, la propuesta más barata suele serlo porque contempla menos horas de trabajo. Eso no es un problema hasta el día en que alguien —un banco, un comprador, la DIAN— examina el dictamen y descubre que detrás no había evidencia suficiente. Ese día el ahorro deja de existir.
Cómo comparar al final
Ponga las tres propuestas en una tabla con estas columnas: visitas presenciales al año, nombre y tarjeta del contador asignado, frecuencia de informes, tratamiento de los saldos de apertura, qué queda por fuera del precio y honorario total. Con esas seis columnas, la decisión deja de ser una cuestión de precio y pasa a ser una comparación entre servicios distintos, que es lo que realmente son.
Si quiere una referencia de cómo se ve una propuesta con alcance escrito y precio cerrado, la nuestra sale del diagnóstico inicial y llega en tres días hábiles. Sirve para compararla con las demás, aunque termine contratando a otra firma.